Tuve que viajar otra vez al país del sol naciente para llevar a cabo varias gestiones en nombre de una institución nacional y una internacional, sobre lo cual no puedo decir ni flowers, como sabéis, salvo que fue todo estupendamente.
Mi primera parada fue Tokio, la sin igual Tokio, que por mucho que la recorra y explore nunca dejará de sorprenderme con algo. Allí en vez de quedarme en un hotel fui invitado por Mori San (mi madre japonesa) a quedarme con ella en su casa y, la verdad, ya que estás en un país lejano, qué mejor que dentro de no tener tu casa, poder alojarte en un hogar que sientes casi tuyo y donde sabes que eres bien recibido y querido. Tanto ella como su familia y amigos se han deshecho en todo tipo de gestos y detalles para hacer que me sintiese especial, o sea, no tengo palabras para explicarlo. Además, sus amigas querían verme sólo para que al saludarlas y despedirme de ellas, les diese los dos besos que son constumbre en nuestro país, lo cual para ellas era como si un zimbabwés a nosotros nos bailase la danza de la lluvia o algo así, o sea, el no va plus, ElPajarito atracción turística besuqueril para señoronas bien niponas jajajajajajaja.
En esos cuatro días, cuando terminaba mis gestiones, me iba con mi Mori San adorada a hacer compritas, a pasear por su precioso barrio de Hamadayama y, en resumen, a disfrutar de la vida al más puro estilo japonés, dejando que las cosas más pequeñas te hagan feliz. Tanto fue así que un día, paseando por una pequeña avenida con Mori San cogida de mi brazo al más puro estilo occidental (dentro de ser muy japonesa, Mori San es mega occidental y le encanta concederse alguna de estas licencias de vez en cuando), me sobrevino una sensación de plena felicidad TAN grande, que antes de que me diese cuenta tenía los ojos llenos de lágrimas, de la manera más tonta, y eso que prometo que no soy nada llorón, pero me ocurrió... y fue de pura felicidad.
El mejor descubrimiento que hice en Tokio esta vez, fue Shiseido. No, tranquis que la marca la conozco y mucho, pero en Japón, aparte de estar más barata que en España, o Europa, encima si tienes una tarjeta de miembro como la que tiene Mori San, consigues todos sus productos a unos precios verdaderamente irrisorios. En cuanto se lo dije a mis sisters fue como si las hubiese poseído el mismísimo demonio y empezaron a hablar como los corredores de bolsa "compra, compra, compra..." jajajajajajaja. La cantidad que gasté en cosméticos fue indecente, pero más lo fue la barbaridad de productos que traje de vuelta, pensaba que me confundirían con un contrabandista... por suerte no llegó a ser así y ahora tengo la piel mejor tratada de toda Europa jajaja.
Otra cosa que me reveló Mori San y que quiero compartir con vosotr@s, es que Kanebo, la mega cara y über trendy marca cosmética nipona, es una full de Estambul, o sea, no os gastéis más los muchos cuartos que vale y apostad por otra, pues por lo visto los materiales que usan en su elaboración son de bastante mala calidad y a nosotros nos lo ponen como oro del que cagó el moro (sorry por la soez pero es así).
Después de cuatro días maravillosos en esta ciudad y en tan fantástica compañía (además me dejaron la misma habitación que ocupé hace 12 años como estudiante, simply genial), me fui de nuevo al aeropuerto tokiata de Narita (a hora y media de la ciudad, un horror) para tomar un vuelo con destino Nagoya (una hora al sur). Al llegar a esta ciudad, desde el mismo aeropuerto pero distinta terminal, tomé un barco que me llevaría, en 40mins, a la ciudad de Tsu, en la rural prefecura de Mie, trayecto que de otro modo, en tren, por ejemplo, me hubiese llevado hora y media. ¡Y qué si tardo hora y media, por Dior! Me dijeron en España que tenía que probar el dichoso barco para ver si sería apropiado para las autoridades que iban a acudir pocos days después a esta ciudad, con lo malísimo que me pongo yo en un barco, pero no tuve más noses que hacerlo. Total que en esta pequeña ciudad me quedé menos de dos días sólo para reunirme con los directivos del Museo de Arte Moderno de Mie, que debo decir que son una gente estupenda y el museo es digno de ver.
Como el viernes por la noche (hora japonesa) me confirmaron que mi misión había terminado y mi vuelo no era hasta el martes, lleno de gozo y emoción llamé primero a mi adorado Pappu (mi hermano bengalí, sobre quien quizás postee un día de estos) y a mi querido Per (sueco él, jefe de logística para Ikea en Asia), para decirles que iba a pasar el finde con ellos. A estos dos personajes los conocí hace ya muchos años en la escuela de japonés en Tokio y ellos aún siguen por allá. Así que el sábado de buena mañana, me cogí nada menos que tres trenes y llegué a la ciudad de Kobe, donde me encontré con los dos trastos. Aquella noche hicimos temblar la ciudad sin necesidad de terremoto alguno, previa cena de business en el Kobe Polo Club, donde no me pude reír más cuando de repente veo entrar a tres muchachas, muy monas ellas y armadas con un Gaucho, un Soft Babe y un Sprouse que me dejaron epatado, se abalanzaron sobre Pappu y éste nos las presentó como Miss Kobe 2008, 2007 y 2005, creo recordar, y que hablaban el japonés más mega posh que he escuchado never before, casi no pude entenderles nada con tanta pijez jajajajajajajajaja. El Kobe Polo Club es de lo más que he visto jamais, además tan exclusivo que las fotos no están permitidas, no os digo more.
Mi siempre adorado Pappu, él es así, en el momento en que nos vimos decidió que se iba a quedar con la gorra EA que yo llevaba, a lo cual no tuve más remedio que claudicar, pero para mi sorpresa y asombro al día siguiente no sólo me trajo varios beanies suyos para que eligiese uno, sino que además me llevó a la tienda de EA para que me eligiese lo que quisiera (como he dicho, él es así). Pese a mi negativa absoluta, dijo que no saldríamos de allí hasta que me hubiese regalado algo, con lo que no tuve más remedio que elegirme un par de gafas y un beanie absolutamente epatante que me encantó, de edición limitada, ideal a más no poder.
Y tras un weekend de los que hacen verdadera historia, con masajes, parties y todo lo imaginable y lo no tanto jajaja, llegó el martes y me tuve que volver, no sin antes perder el autobús al aeropuerto de Osaka, correr por la terminal cual poseso porque no llegaba al embarque y encima sin dormir, pero todo valió la pena y, sin duda, este viaje lo guardaré en el corazón forever and ever... ¡ES-PECTACULAR!
Bss Mil,
ElPajarito
PD- Os habría puesto alguna fotito pero no encuentro el cable de la cámara, sorry :-(








