Tuesday, 2 December 2008

Bajas en el fondo de armario

Vale, lo confieso, aparte de por las gafas de sol, como ya he dicho en el post anterior, también tengo debilidad por los pañuelos, bufandas y echarpes, no sé por qué pero así es, manías raras de cada uno, supongo.

Debe de hacer aproximadamente un par de años, era yo el hombre más feliz de este planeta cuando salía, triunfante, de la tienda londinense Brown’s de Oxford Street con una de sus bolsas en mis manos. ¿Qué había dentro? Exactamente esto…

La entonces alto codiciada bufanda de calaveras de Alexander McQueen, que desde entonces me ha acompañado en infinidad de ocasiones importantes, siempre elegante a la vez que casual según el resto de atuendo y complementos varios que llevases.

Pocos meses después, salía igual de ufano cuando, por mi 30 cumpleaños, me autoregalé un pañuelo en seda y lana absolutamente epatante, en tonos negro y gris iguales a los de la bufanda McQueenera, de Armani Collezioni, y que también me ha acompañado en inigualables momentos de grandes triunfos, sobre todo profesionales. Sorry pero no he podido encontrar foto del pañuelo en la red.

Pues bien, esta mañana aún con las neuronas medio dormidas y camino de la ducha, he abierto mi armario para ver qué me ponía y, repentina e inmediatamente, mis ojos no han podido evitar ser directamente atraídos hacia la parte izquierda, donde cuelgan de multitud de perchas todas mis bufandas y pañuelos. Algo que intentaba a duras penas parecerse a mi bufanda de calaveras colgaba del tope de una de las perchas, pero más que una bufanda parecía una larga tira de papel de lija, y las calaveras parecían más un reflejo de lo que debía de ser el cráneo de Nefertiti en su época anoréxica al enterarse de los cuernos de Akenatón, más que las divinas calaveras de McQueen. Al comprobar que, en efecto, se trataba de mi bufanda, no me ha dado un ictus de puro milagro. He bajado a la cocina y mi madre al verme la cara me ha preguntado -“¿Qué pasa, hijo?” en respuesta de lo cual me he sacado la mano de detrás de la espalda y le he enseñado la bufanda. Mi señora mother, de inmediato ha comprendido mi aflicción y, con cara de lástima y pesar, me ha dicho que no lo tuviese en cuenta, que la pobre interna nueva es que no sabía lo que lavaba.

¿QUE NO LO TENGA EN CUENTA? O sea, que la chica nueva se ha pensado que estaba lavando un suéter de lana de llama andina sin preocuparse lo más mínimo por ver si se trataba de una prenda más delicada y yo no lo tengo que tener en cuenta, NO WAY JO-SE (que conste que no pretendo que lo anterior suene despectivo en ningún momento eh. Además, hay que decir que la mujer ganas le pone, pero es que menuda pifiada me ha hecho).
Los rallos y chispas me salían por toda la cabeza. Mi madre, pobre, ha intentado tranquilizarme de la mejor manera. De repente, conforme mis neuronas se iban despertando, he recordado que esa bufanda, junto con el pañuelo de Armani Collezioni, venían juntas en una minimaletita trolley monísima de Prada que he usado este finde para mi minitrip a Murcia para celebrar el cumpleaños de mi adorada EZ. El pavor se ha apoderado de todo mi cuerpo.

He ido a preguntar a la interfecta si había lavado también el pañuelo y, dejándome entre incrédulo por estar oyendo semejante blasfemia y terriblemente cabreado que te cagas, me espeta: -“Ay, sí pues, le lavé al señor Pajarito dos bufandas, pero eran de una calidad pésima, se quedaron hechas un grincho” (no sé lo que es un grincho, pero no estaba como para preguntarlo tampoco). Ni que decir tiene que no es que fueran de mala calidad, sino que son para lavar a mano y con toda la delicadeza del planeta.

Mi madre, por miedo a que me lanzase a su cuello y la asesinase, se me ha adelantado y le ha preguntado dónde estaba el pañuelo, ella ha salido fuera, ha ido al cuarto de la colada y ha vuelto con un ovillo desgastado y compacto en la mano, mi pañuelo de Armani Collezioni. Mi madre me ha mirado y me ha dicho directamente “-Sube a ducharte”. Ay, sólo las madres nos conocen tan bien, si no me voy la habría asesinado allí mismo. Me he dado una ducha, intentando dejar correr la mala sangre junto con el agua, tarea harto difícil dadas las circunstancias. Mientras me abotonaba la camisa, mi madre ha entrado en mi habitación y con voz reconfortante me ha dicho -“No puedo prometerte nada de la bufanda, pero confía en mí, que el pañuelo sobrevivirá”.

No soy capaz de explicar el mal humor que me ha invadido todo el día. Y tampoco sé con qué cara voy a poder mirar a esa buena mujer esta noche cuando llegue a casa.

Soooooo hard!!!!!
Bss Mil,
ElPajarito

Monday, 1 December 2008

Tags...y tal

Sé que merezco la guillotina (siempre me pareció mucho más glamurosa que el garrote vil patrio) por llevar tanto tiempo sin actualizar, pero de verdad que tengo un montón de trabajo y, como en casa de mis progenitores internete funciona cuando le apetece (es lo que tiene vivir en una casita con encanto en la montaña) y yo encima no siempre tengo ganas y/o inspiración, pues procrastinando, procrastinando por unas y otras llevaba un montón de tiempo sin colgar nada. Pero como más vale tarde que nunca y nunca es tarde si la dicha es buena, allá vamos.
Mi querida y cruel Cruela, valga la redundancia epíteto-seudónimo, ha gustado de “etiquetarme””, o ponerme un tag en su blog. Por lo visto tengo que poner las reglas en mi blog y cumplirlas, así que voy a intentarlo:
1.- Enlaza a quien te ha etiquetado y pega estas normas en tu blog.
Me ha etiquetado Cruela, la extranjera que nada extraña.
2.- Comparte 7 datos sobre ti en tu blog - algunos aleatorios, algunos curiosos.
1) Hablo con fluidez nueve idiomas (a saber, español, valenciano, francés, inglés, alemán, neerlandés, italiano, sueco y japonés). Este dato a mí nunca me ha parecido significativo ni digno de mención, puesto que si además de eso fuese neurocirujano o astronauta, por ejemplo, pues entendería la proeza, pero siendo traductor e intérprete simplemente me parece un esfuerzo que he hecho para intentar llegar lo más alto posible en mi profesión, aunque dado que al resto del mundo parece llamarle mucho la atención y como no es algo de lo que hable con frecuencia, voilà.

2) Soy MUY maniático con pequeños detalles (no soporto ver las puertas de los baños abiertas, o la tapa del inodoro levantada, o encontrarme un cabello en la pila o bañera del baño…)

3) Una de mis vías de escape preferidas y más efectivas para el estrés es cantar a pulmón roto mientras conduzco (cuando voy solo, of course, pues canto como el arse no, peor).

4) Valoro el respeto por la amistad casi al mismo nivel que el de la familia, pues para mí los amigos son la familia que uno elige tener. Me resulta extremadamente difícil perdonar una traición de un amigo, como la de un hermano, del mismo modo que si hay que darle un riñón a un amigo, como a un hermano, se le da.

5) Mi bebida no alcohólica preferida es el café con coca-cola, una guarrada con mucha cafeína, lo sé, pero qué le vamos a hacer. Me aficioné a beber el brebaje en mis tiempos universitarios, porque de vez en cuando me daba por hincar los codos jejeje, e incluso hoy lo sigo tomando mmmmmmmmmmmmmm.

6) Soy el pequeño de ocho hermanos. Sí, ocho. Como todo, tiene sus pros y sus contras aunque yo en los últimos tiempos estoy sintiendo más lo último que lo primero, mais bon, rachas.

7) Mi perdición absoluta son las gafas de sol, tengo 27 pares que he ido acumulando durante toda mi vida y espero seguir acumulando muchos más en lo que me queda.
3.- "Taguea" a 7 personas al final de tu blog dejando su nombre y un enlace a sus blogs.
...And the winners are:
Perla Negra
Noa
WannabeA
4.- Hazles saber que han sido "tagueados" dejando un comentario en su blog.
Hecho
5.- Si no tienes 7 amigos blogueros, o si alguien más los ha "tagueado" ya, entonces taguea a algunos extraños libres de sospechas.
Pues hasta aquí ha llegado esto. Me voy a comer que en vez de intestino parece que tenga al león de la Metro en la tripa metío.
Pronto more... and better ;-)
Bss Mil,
ElPajarito

Tuesday, 11 November 2008

Reflexiones Pre-Navideñas

Al final, después de mantener la esperanza hasta el último minuto, me he quedado sin ir a Japón para la inauguración del Cervantes y, por tanto, me quedo sin conocer a Marujito ni a Matako Toda (Masako Owada, se entiende jeje). Pero bueno, otra vez será y ya que no puedo estar tomando canapeses en la inauguración con Isabel Coixet (que se encuentra rodando una película allí y asistía como invitada) y demás personajes de la concurrencia, pues me recuesto en mi sillón de oficina ergonómico y dejo que fluyan las reflexiones por mi cabeza. Curiosamente, la primera que me viene es una que seguramente nos aborda, o abordará en breve, a más de un@, a saber:

Se acerca peligrosamente la Navidad, de hecho en menos que canta un gallo tenemos ahí el puente de diciembre y rápidamente ya Noche Buena, Navidad y Noche Vieja. Podría ponerme a pensar en qué regalos hacer, bla, bla, bla, pero creo que este año de regalos nada, pues estoy pelado cual trasero de mandril de documental vespertino de la 2, así que si me toca la lotería antes de entonces ya hago un post especial y os cuento las barbaridades que le regalo a cada miembro de la familia jajaja. Pero mientras esto llega, que va a ser que no, yo me estoy planteando qué voy a hacer en Noche Vieja. Hay varias opciones:

Opción A: Viaje de tres o cuatro días a alguna casita rural de las serranías cercanas con los compis del cole de cuando era pequeño. Unas ocho personas, todos majísimos y con mucho sentido del humor y ganas de diversión. Supongo que el plan de la noche en sí será cenar rollo rural en algún sitio cercano o comprando algo del sitio cercano y en la casita tranquilamente a beber y divertirnos.

(Casita rural turolense)

Opción B: Ir al recién inaugurado pub de mi adoradísima amiga L a echarle una mano en la barra ya que se presupone que esa noche estará a rebosar de gente. La verdad es que esta opción me parece también súper divertida y poniendo copas con mi amiga y l@s camarer@s que tiene puede haber unas risas buenas.

(Café L'Albera Club)

Opción C: Viaje de tres o cuatro días a Gstaad, donde ya pasé el último fin de año, en el chalecito que le regalaron el año pasado sus padres a mi amigo L (no confundir con mi amiga L la del pub, nothing que ver), a quien conocí gracias a mi mega friend D a la que conozco de casi toda la life. Hablamos de unas 15 personas, suiz@s en su mayoría y tod@s emplead@s de banca o directamente sin oficio pero mucho beneficio, pero simpáticos a rabiar y cachondos perdidos. Mañanas esquiando –el que pueda combinar resca con esquí- y noches bebiendo como alemanes tiroleses después de ayunar rollo ramadán, o sea, bebiendo como camellos disecados. La noche en cuestión es cena de catering en casa de L, campanadas vía satélite con Ms Igartiburu & Co y luego bailoteo en la discoteca del Grand Hotel y regreso, cada uno como buenamente pueda, a casa de L a dormirla. único inconveniente de ésta opción es que aunque no haya que pagar hotel, se puede poner en un piquín, pero bueno, para eso están los aguinaldos, ¿no?

(Grand Hotel Park)

Pues estas son mis opciones, opinión sobre las cuales os agradeceré y ni que decir tiene que me encantará saber cuáles son por el momento vuestros planes para esta noche.
Bss Mil,

ElPajarito

Friday, 7 November 2008

Mi Primer Premio Blogger

Llevo ya varios días sin poder visitar mis blogs preferidos, hace un momento al terminar mi mañana de jornada laboral me he dicho que ya no podía pasar un día más sin visitar a mis bloggers y la primera ha sido mi idolatrada Ely. Para mi sorpresa, Ely ha tenido a bien compartir un premio con mi humilde persona y otros cuantos afortunados. Ni que decir tiene que es el primer premio cibernético que me dan, así que no quepo en mí del gozo.

Me ha parecido entender en su post que los premiados tenían que hacer algo parecido al post que ha hecho ella, no sé si lo he entendido bien, pero allá voy....

Voilà el premio... Caminamos Juntas:

(Gracias Ely, espero que podamos seguir caminando juntos mucho, mucho tiempo Darling)

Para recoger mi premio me he puesto un traje de chaqueta de Armani Collezioni con unos zapatos de Gucci absolutamente divinos en piel marrón oscuro con impresiones en relieve:


Para terminar de complementarlo llevo un foulard Hermès absolutamente epatante en granate y crudo de lana vuelta de cabra enana tibetana y un cinturón de edición limitada Loewe Aniversario que tengo hace tiempo y que me acompaña cual fetiche en las ocasiones importantes como ésta.
A recoger el premio me acompaña mi amigo Saki...


(No babas please)

Y ya de pleno en agradecimientos y dedicaciones, no puedo dejar de empezar por agradecerle a Yael (Ely) el premio en sí mismo y esas maravillosas palabras que siempre me concede y por esas historias que cuelga en su blog que nos tienen a todos sus seguidores enganchadísimos cuales vulgares drogadictos.
Necesito dedicar y compartir este premio también con:
María, por esa verborrea flagrante, directa y aguda, además de por su imaginación y constancia que sin duda son una gran fuente de inspiración y ánimo para el resto de bloggers mortales, para mí por lo menos.

Audrey, por su sencillez, calidez y ternura y esa gracia innata de que impregna todos sus
posts, yo de mayor quiero ser como ella.

Cruela, porque no se puede aguantar tanta gracia fencolbelga junta. No sé si como extranjera extrañará algo o no, pero yo la extraño a ella cantité cuando no puedo leerla.

http://crueladeval.blogspot.com/

A Pinkocha, por sus maravillosos y agudos comentarios y por esa lasaña de espinacas que espero poder probar pronto.

A Macarena, por su blog de hadas que me encanta y que espero que se ponga de nuevo manos a la obra pronto para poder tener la mía propia.

http://www.macarenagea.com/

A Perla Negra, por su astucia y sagacidad que me ponen cantidad (así en pareado y todo).
Y por último aunque no por ello menos importantes, se lo dedico a mis seguidores/as, que siempre están ahí leyéndome y sin los cuales mi blog no sería nada, Noa, Olivia, Oly, Amparete, Tuxi, Bocadelobo, JoseAiram, Pausak, WannabeA.................... va por vosotr@s.

Las reglas del premio son:
1.-Citar a la persona que te entrega el premio

2.-Elegir 5 blogs de amigas y visarlas
3. Decir el número de pie que calzas y cual es tu calzado favorito

4.Seguir visitando mi blog, y visitar los de mis amigas a quienes concedí el premio.

5. Poner las reglas en tu blog

Ah, por cierto, que no se me olvida y gasto un 39. Cualquier mocasín o castellano de Boss, Sebago, Gucci, Ferragamo o Prada me encanta....y me sientan de bien ;-)

Gracias otra vez Ely.
Bss Mil,

ElPajarito

Wednesday, 5 November 2008

Lesson Learnt (Lección Aprendida)

Hacia finales de julio de este año me hallaba yo de vacaciones por mi tierra y salí a cenar con una de mis hermanas (que por entonces estaba aún embarazada del solazo de ahijada preciosa que tengo) y cuatro primas mías divinas, fantásticas y estupendas. Después de mucho deliberar terminamos yendo al chino de mi pueblo, nada glamuroso, I know, pero el charm, belleza, estilo y buen rollo ya lo ponían las cinco damiselas que me acompañaban. La verdad es que yo soy mucho de que vale infinitamente más la compañía que el lugar en que estés, así que aunque no pudiésemos estar en el Fouquet’s de París… tant pis!
Entre mucho vino y risas, cenamos divinamente.

Después del chino fuimos a tomar una copa, que por supuesto vino seguida de una segunda, pero ya en otro sitio, en la zona de terrazas y chiringuitos de verano, donde mi adorada e idolatrada amiga L acaba de inaugurar su propio pub. Pues resulta que allí sentado con mi hermana y primas en una de las terrazas, vi precisamente a M, hermana de L, y cuando me voy a levantar a saludarla advierto que justo detrás de ella iba andando Victoria con unos amigos. Si me hubiese levantado me habrían visto las dos, lo pensé un momento y me senté.

A Victoria la conozco de toda la vida, al igual que a sus padres y hermano, que son todos súper buena gente. Hubo una temporada en que yo le daba clases de inglés (nacimos el mismo año) y estuvimos bastante unidos, luego ya cada uno siguió su camino e hicimos nuestras vidas. Un día hace ya años, me llamó para tomar un café y allí comentando me dio la invitación de boda, que al final por cosas de la life no llegó a producirse. Victoria siempre ha sido una muchacha risueña, alegre y muy amable con todo el mundo, aparte de guapa.

Desde hace ya mucho tiempo, cada vez que viviendo fuera volvía al pueblo, la gente me paraba en la calle, porque te paran y no intentes escaquearte, y sistemáticamente me hacía las mismas preguntas; ¿Cómo estás? ¿Qué tal la lluvia por Londres? ¿Qué tal el trabajo? La verdad, dos o tres veces está bien, hasta casi lo agradeces, pero cuando llevas treinta y tres veces soltando el mismo rollito monótono te sientes un poco disco rallado y te entran ganas de a) que te trague la tierra si alguien más te saluda o b) tener una grabadora a mano a la que poder darle al play. Aquella noche iba ya por la vez treinta y cuatro, por lo menos, por eso no me quise levantar. Aquella noche era la última vez que había visto a Victoria.

Victoria murió de un fallo cardiorrespiratorio el viernes pasado por la noche y la vi el lunes por la tarde. Esta vez sí la saludé, pero ella no me devolvió el saludo. Lesson learnt!

ElPajarito

Friday, 24 October 2008

Japan connection (Part II)

Pasamos casi todo aquel día en el Cervantes analizando y discutiendo todos los detalles de la inauguración y allí mismo nos improvisaron un tentempié a base de tortilla de patatas, arroz y tallarines. Sí, ya sé que el conjunto suena un poco raro, pero más raro aún fue ver al joven cocinero japonés que se nos presentó como Shinja, de Móstoles, con el acento madrileño más castizo que he oído en la vida, que nos eleboró tan curioso piscolabis.

Total que a eso de las 8 de la tarde, yo ya absolutamente derrotado por el cansancio y demás, terminamos y nos fuimos a buscar algún sitio "apañao" (según me pidieron mis clientes) para cenar. La verdad es que de lo último de que tenía ganas era de irme por ahí de cena y varitées, pero dado que entretener a esta gente era otro de mis cometidos, saqué fuerzas de flaqueza y decidí que bien podía valer la pena aguantar y lucir el conjuntazo de Armani Collezioni que llevaba, con unos tirantes de Façonnable y unos gemelos de Bulgari absolutamente espectaulares.


Al hacer muchos años que no pisaba suelo nipón, mi conocimiento de lugares de moda estaba más que obsoleto, con lo que decidí inmediatamente llamar a mi adoradísimo amigo SB ( mi idolatrado Pappu), el bengalí con más estilo y glam que he conocido jamás y que antes de mudarse a Kobe fue el rey de la noche tokiata, para que me recomendase algún lugar. Él mismo se encargo de llamar al sitio y hacer la reserva, ya que de otro modo hubiésemos podido esperar un par de meses para que nos diesen de cenar en ese sitio, L'Atelier, en Roppongi Hills, una de las zonas más in de la ciudad. Era un restaurante que conjugaba lo mejor de las cocinas francesa, nipona y española, tremendo, al igual que tremendo fue el sablazo que nos pegaron al pagar la cuenta, pero bueno, que nos quiten lo bailao. Durante la cena hice acopio de la justa cantidad de vino para, sin tumbarme del revés, poder continuar la noche lo suficientemente animado.


Pensé que después de cenar, a mis clientes les resultaría curioso conocer un "Club" japonés, que nada tiene que ver con el concepto occidental de club. Los clubs japoneses son unos lugares en donde te sientas en una mesita y disfrutas de unas copas en compañía de bellas jóvenes que se aseguran de que no te falte bebida en el vaso, te encienden los cigarrillos y te dan conversación. El fin último de estos lugares no es el de que termines llevándote a la chica a la cama, para eso están los prostíbulos de toda la life que también los tienen, se trata de una especie de casa de geishas a lo sXX, pero insisto, no vas ahí para echar un quiqui. Eso sí, la mayoría de estos lugares cobran por el tiempo que pases allí en vez de por lo que consumas, ya que la consumición normal para todo el mundo suele ser una botella de whisky de la casa que te sirven inmediatamente en cuanto te sientas, así que hay que tener cuidado con el rato que te pasas allí, ya que luego te pueden sacar una factura de 450 eurazos sin pestañear lo más mínimo (e insisto de nuevo, de polvos nada). Estas jóvenes, que están muy bien enseñadas, son expertas en entretenimiento y seducción y los japoneses disfrutan cuando, a la vez que les rellenan la copa, las muchachas les dispensan un apretón presionando su pantorrilla contra la de los clientes o un sutil roce en la mano. Por supuesto pusieron todas estas técnicas en práctica con nosotros y mis clientes se quedaron absolutamente pasmados y maravillados con todo aquel ritual de entretenimiento y seducción tan sutiles. La mayoría de estos sitios suele disponer además de un karaoke con el que las chicas, y los clientes más atrevidos, despliegan también sus habilidades líricas. Para mi mala suerte, resultó que tenían la versión inglesa del Aserejé de las Ketchup, sí darlings, sí, el Aserejé de las Ketchup, que tuve que terminar cantando con uno de mis acompañantes, ¡¡¡soooo haaaaard!!!


Kamakura es una población a uno 45 minutos en tren del centro de Tokio, donde se encuentra el Gran Buda de Tokio (Dai Butsu), además de un montón de templos perdidos en las montañas colindantes entre frondosos bosques a los que se accede a través de una ruta de senderismo mega coñaza con socavones, pedruscos tremendos, barro y subidas abruptas, o sea, de todo para hacer del paseo un puñetero infierno, al que si encima sumas una humedad del 75%, pues o eres Quitín Muñoz y estás encantao, o un pringao como moi que no tiene más remedio que apechugar con lo que hay y tirar p'alante por exigencias del guión. Total que allí me encontraba yo en Kamakura con uno de los clientes y unos amigos suyos, verdaderamente majísimos todos, que de casualidad estaban allí de vacaciones y pasamos el día con ellos visitando el pueblecito pintoresco. Pues resulta que mientras disfrutábamos del plácido paseo, yo sudando cual cerdo ante su San Martín y con el hígado casi en la boca montaña arriba, de momento cambia el camino a bajadita y la madre de uno de ellos que también venía, una señora estupenda de 60 años, de momento desaparece de nuestra vista, para volver a aparecer mientras la pobre caía cuesta abajo por todo el empedrado. La sangre se me quedó frozen cual Margarita bien preparado, ¡my God qué ostión!. Los cuatro que íbamos con ella corrimos, en la medida de lo posible para evitar caer nosotros también, al rescate, la pobre frenó su caída hecha un cisco y sangrando. Por suerte, avisté una señal en japonés que decía "Cafetería", con lo que grité y dije que iba a buscar ayuda y me apresuré colina abajo, con lo que casi termino yo también dejándome el careto impreso en las montañas de Kamakura. Afortunadamente, estábamos a tan sólo una cuestecilla de la carretera general, así que el servicio de paramédicos llegó en cosa de cinco minutos, después de que el amabilísimo camarero de la cafetería los avisase. Una vez hubieron curado a la señora y le detuvieron la tremenda hemorragia nasal, pasamos a la parte divertida jeje, empezaron a hacerle todo un cuestionario médico sobre su salud general y desde luego que ninguno de los enfermeros hablaba inglés, así que no sé si sudé más al ver a la pobre señora rodar colina abajo o cuando tuve que traducir todo aquel test vademecuménico. Gracias a Dios, o a Buda o a quien fuere, todo quedó en un susto y un par de bendajes, pero la buena señora no sufrió daños mayores y en compensación por el susto y estrés pasados, insistió en invitarnos a todos a comer, toda una Lady ciertamente.


Aquella noche ya recuperados del susto y de vuelta en el hotel, recibimos la invitación de una joven becaria francesa del Instituto Cervantes para ir a una fiesta en el centro de la ciudad. La fiesta era en el edificio Nike. Toda la planta baja había sido vaciada y dividida en salas distintas donde se tocaban ritmos trans, tecno y progresivo a cual peor, la verdad. Encima pido tres copas y la camarera, que me puso tres vasos de plástico con un chorritín de ginebra y medio litro de tónica, me dice muy maja "son 12.000 yenes, gracias" (unos 75 euros). La chica debió de verme el careto de impacto porque acto seguido me dijo "si quieres te pongo un poco más de ginebra", a lo que le dije "si eso, me vas poniendo un huevo más de ginebra, muchas arigatos". La noche fue de lo más surrealista en general, resulta que era el cumpleaños de un amigo japonés de la becaria, por cierto el japonés más guapo que he visto nunca, ciertamente, pero mis dos acompañantes y yo obviamente no conocíamos a nadie salvo a quien la joven nos iba presentando y con quien entablabas la típica conversación de "¿de dónde eres, qué haces aquí, hasta cuándo estás...?". El sitio era bastante asfixiante, estaba hasta la bandera de gente, y además no se podía fumar, por lo que decidimos salir a la puerta, donde había también cantidad de gente pero mucho más espacio. Ya bien entrada la noche, terminamos conociendo a un japonés rasta, Akira San, que encima iba puestísimo de lo que fuera hasta el infinito y más allá, y uno de los que venía conmigo no tuvo mejor idea que pedirle al rasta que le cantara la canción de Heidi (la de moshi mo chiisaina...), quien dijo que encantado pero sólo si yo le acompañaba, así que ahí me ves a las 4 de la mañana y medio pedo cantando canciones de anime japonés en pleno Tokio, tremendo de la death.


Otra noche el Cervantes nos invitó a cenar y si bien la cena estuvo exenta de anécodtas divertidas pues todo fue muy serio y protocolario, me resultó una velada de lo más interesante por poder conocer a los directores de este centro, su manera de funcionar y su forma de difundir nuestra cultura en un país tan distinto, aparte de algún que otro chismorreo bueno sobre algunos personajes, desde Saramago a Marujito, muy, muy interesante.


A los dos días, el más jefe de mis clientes se regresó a España y el otro se quedó conmigo tres días más. El señor quería disfrutar de un típico masaje japonés, así que pedí al hotel que nos buscaran un sitio bueno y de confianza y nos reservasen hora para ambos. Pedimos media hora de reflexología y una de masaje corporal. Pues bien, en la vida me han hecho más daño que aquel joven niponcillo cuando empezó a apretarme el pie, hasta el punto de que le tuve que decir "Mira ShinChan (porque era muy menudito él) o dejas de apretarme como si te estuvieses cargando a tu suegra o terminamos el masaje ya". Afortunadamente el joven entendió la situación y pude disfrutar del resto del masaje, hasta el punto de casi dormirme. El masaje japonés está más pensado para la presión sobre todos los músculos del cuerpo y su posterior destensión que para el relaje y disfrute del masajeado, contrariamente a Tailandia, por ejemplo, donde lo que se pretende es el relax y disfrute incluso con la opción de happy ending, que en Japón no es nada frecuente.


Ese sábado quedé a cenar con Migita San y Mori San, mis dos madres japonesas con las que viví cuando estudié allí, y se nos unieron los dos hijos de Mori San y la familia del mayor de ellos. Fue ciertamente emotivo y divertido a la vez. Y luego el más joven de mis hermanos japoneses, Yuji San, dos años mayor que yo, nos llevó a mi cliente y a mí de garitos por la ciudad y volvíamos al hotel a las 8 de la mañana del domingo casi del revés. Sólo nos dio tiempo a dormir un rato y prepararnos las maletas ya que a las 5 de la tarde venía a recogernos para emprender el larguísimo viaje de regreso a casa.
La buena noticia es que seguramente me vuelvo para la inaguración ahora en noviembre, mantendré los dedos cruzados jejeje.
Bss Mil,

ElPajarito

Saturday, 18 October 2008

Japan connection (Part I)

Aquel jueves había tenido una sensación rara todo el día, esos días en que no sabes si bueno o malo, pero va a pasar algo...así fue. Las agujas del reloj rondaban peligrosamente alrededor de las 10 de la noche de un jueves cuando mi recién estrenado y estupendo móvil de ultimísima generación empezó a sonar y vibrar a la vez.
-¿ElPajarito? Hola, soy yo, tengo que hablar contigo.

-Hola, muy buenas, pues usted dirá.

-Pues necesito mandarte a Japón este sábado para que nos ayudes con la inauguración del Instituto Cervantes de Tokio. Mañana a las 9 nos vemos y te doy más detalles.

-Alli estaré, buenas noches.

Y así empezó todo. Las manos empezaron a sudarme, los pelos se me pusieron de punta y mi mente se llenó de imágenes de mis otras vistas a este país a velocidad de vértigo. -ElPajarito, que nos vamos a Japón, en menos de 48 horas. Me dije, emocionado.

Esa noche me costó horrores conciliar el sueño y a la mañana siguiente me dirigí a mi cita para que me contasen los detalles de aquel proyecto. La verdad es que no me pudieron explicar demasiado, simplemente me dijeron que me iba a Japón para prestar mis servicios lingüísticos y conocimiento del país a dos políticos españoles que asistían a la inauguración del Instituto Cervantes en la capital nipona. Mi segundo cometido sería negociar unos acuerdos de colaboración con dos museos del país. Por supuesto y pese a que no iba a tener prácticamente tiempo para preparar el tema, dije que yes very well inmediatamente. Con los nervios fatal ante la inminente experiencia (más que nada por miedo a verme en según qué situaciones en las que no poder defenderme completamente con mi japonés) me fui a ver a mi queridísimo PM, quien desde hace más de 10 años se encarga espectacularmente de todos mis viajes, para que me diese la documentación.

Total que el sábado, divina y comodísimamente vestido para semejante periplo intercontinental, me planté en el aeropuerto de Valencia con mi maletón, el maletín de mi Vaio y mi inseparable messenger de Vuitton, para partir rumbo a Paguí, donde tenía por delante SEIS horazas de espera antes del enlace a Tokio. Por mucho dutty free y sala VIP que tengan los aeropuertos, después de la tercera hora de espera de lo único que tienes ganas es de fumar cual poseso y de empezar a cometer homicidios, por lo less, que diría mi idolatrada y desaparecida Divina. Después de 13 horas de vuelo y gran desilusión con la Business Class de Air France (como una Business de saldo, fa-tal), aterricé en el aeropuerto internacional de Narita en Tokio, bueno, a una hora y media de Tokyo, pero vale, aceptamos barco. Tras semejante panzada aérea desde luego que lo primero que hice nada más recoger mi maleta fue buscar un sitio donde poder fumar, of course. Acto seguido fui a ver cuándo pasaba el siguiente autobús para clientes del hotel en el que me hospedaba; ni de coña me iba a esperar otros 45 minutos a que pasase el dichoso bus, hasta ahí podíamos arriver, después de veintitantas hours around the world cual Willy Fogg sXXI. Por un nada módico precio, unos 120 euros, conseguí que un taxista me llevase a mi hotel, el Hotel Okura, uno de los mejores de la ciudad (cual sería mi sorpresa al averiguar que aparte de ser de los mejores, era el más grande, my God!). Al llegar al hotel el taxi me dejó en lo que yo aún no sabía que era el edificio principal, distinto del ala sur reservada a habitaciones superiores y ejecutivas que era de hecho donde yo me hospedaba, a un incómodo paseo de unos cinco minutos por dentro del hotel a través de interminables pasillos, escaleras mecánicas y ascensores, un horror como para haberse hecho el harakiri en la misma recepción del main building. Encima, semejante caminata tenías que intercalarla con una serie de reverencias (chepazos, como yo los llamo) con todo bicho viviente que te cruzases on the way.

(Recepción ala sur Hotel Okura)

Entre el viaje, el trayecto al hotel y el paseorro interno con chepazos estaba absolutamente molido, así que cené en uno de los restaurantes del hotel y me fui a la cama.
Al día siguiente, puesto que mis clientes no llegaban hasta un día después, me fui a Akihabara, la ciudad electrónica, donde me autoregalé una cámara megadigital con todos los píxeles y las pulgadas del planeta, aparte de un montón de funciones que no tengo ni la más remota idea de para qué son ni cómo se usan, pero es ideal. También me compré un traductor automático sensacional de inglés, español, japonés, italiano y alemán, todos combinados, además de agenda personal y bloc de notas con doble pantalla, una verdadera pasada tecnológica que aún hoy me tiene en las nubes. Después de pasar casi todo el día por allí, regresé al hotel, me di una ducha y me fui a cenar por Shinjuku, una de las zonas de marcha de la ciudad, donde luego estuve tomando un par de copas y encontré un plan fantástico con quien pasar el resto de la noche. Igual que mi querida María, yo también tengo momentos intrépidos y aventureros y, mira por dónde, me salió bien jeje.

A la mañana siguiente debía ir al aeropuerto a recoger a mis nuevos superverybestfriends. Hice acopio de toda la crema hidratante, antibolsas y antiojeras Clinique que tenía conmigo para intentar, con bastante éxito todo sea dicho, disimular el jet-lag, un cansancio bastante acuciante y una pequeña resaca, que no fue fácil pero uno que es muy profesional se apañó very well. Allí estaba yo de nuevo en Narita, esta vez acompañado de un chófer oficial, esperando a los señores que ya hacía rato que habían aterrizado cuando, para mi gran alucine, me veo aparecer por la puerta de salida de pasajeros a Paco Lobato, el corresponsal deportivo de Tele5. Más alucinó él cuando, al pasar por mi lado, le hice el protocolario chepazo nipón a la vez que le decía "Irasshaimaze, Sr. Lobato, bienvenido a Tokio". Se me quedó mirando como quien ve a su abuela con un porro en la mano y me dijo "Ah, hola, ¿eres de la organización, has venido a por nosotros?", a lo que yo le contesté "No, no, estoy aquí para recoger a unos delegados de cultura". Muy amablemente se despidió y se marchó con su séquito de seis o siete personas y hasta ahí llegó mi momento Tele5 nipón. Total que media hora después cuando Lobato y su entourage ya estarían casi llegando al circuito Sumitomo, aparecieron los míos. Al más jefe de los dos le habían perdido la maleta, por eso tardaban tanto. De ahí pasamos fugazmente por el hotel y directos fuimos al Instituto Cervantes a lo que yo pensaba sería la reunión previa a la inauguración. Para mi sorpresa, la inauguración no será hasta el 11 de noviembre, esto era sólo un viaje de prospección y de preparativos, ya que para el gran día se esperaba también la asistencia de nuestros reyes, Juanca y Sofi, así como la de Naruhito (Marujito para los amigos) y su depresiva esposa Masako. Resulta que al príncipe heredero le gusta llevar dos dedos y medio de maquillaje y brillo de labios en actos públicos (si es por coquetería propia o problemas cutáneos lo ignoro, por eso lo de Marujito en los círculos políticoculturales ibéricos del país). Por cierto que era una de las preocupaciones de mis clientes, el hecho de que viniesen a inaugurar los reyes españoles pero por parte de la Casa del Crisantemo sólo los príncipes herederos y no los emperadores. Después de una llamadita a palacio nos explicaron muy amablemente que no nos preocupásemos de nada, que los emperadores acuden a contadísimos actos públicos, casi exclusivamente a la apertura del Parlamento y a las celebraciones del cumpleaños del emperador y ya. Entre Zarzuela y la casa Imperial ya habían dispuesto que al día siguiente de la inauguración nuestros reyes disfrutarían de un día de visita privada a los emperadores, así que asunto resuelto y si alguien en España preguntaba ya sabíamos lo que había que contestar, que a la inauguración iba Marujito...y punto en boca. Luego nos enseñaron todo el edificio y estuvimos trabajando en la distribución de la zona adonde se mostraría una exposición de jóvenes artistas españoles
Continuará....